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| La poeta uruguaya Alcira Soust Scaffo, en Cuernavaca (México), en 1956. ARCHIVO MUAC |
La obra de Bolaño encumbró el mito de una escritora extraordinaria que vivió durante décadas entre los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que conoció a los personajes clave del siglo XX —desde Picasso y Remedios Varo hasta el subcomandante Marcos—, y a la que rodean, todavía décadas después de su muerte, los huecos y las preguntas.
Poeta y vagabunda, era bruja, jardinera, traductora. Era maestra. La reconocían por haber sido ayudante de Rufino Tamayo, musa de Roberto Bolaño, amiga de León Felipe. Fue todo eso pero era más. Una errante sin dientes que defendió la belleza de la escritura frente a los militares en el 68, que repartió versos en el funeral de Rosario Castellanos y cultivó flores y alumnos en un jardín cerrado entre los edificios de Ciudad Universitaria al que llamó Emiliano Zapata. Convertida en una de las figuras más importantes de la contracultura mexicana, Alcira Soust Scaffo murió un 30 de junio de hace 25 años en Uruguay.

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