jueves, 25 de diciembre de 2025

Sólo sé cómo se llama de Gabriela Mistral

 



La Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, en un bello poema lleno de ternura, titulado: "Sólo sé cómo se llama", nos comparte la experiencia de su conocimiento de Jesús:

"Que si nació hoy, que si nació ayer, que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenía hermanos, que si no tenía. Que dónde está, que cuándo vuelve.

Yo lo único que sé es que… A mí me tomó de la mano cuando más lo necesitaba.

Me enseñó a sonreír y a agradecer por las pequeñas cosas.

Me enseñó a llorar con fuerzas y a dejar ir.

Me enseñó a despertarme agradecida, saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila.

A caminar muy lento y muy descalza.

Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mí.

Me enseñó mucho, me enseñó todo.

Me enseñó a quererme con ganas. A querer a quien está al lado y a darle la mano.

Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.

Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.

Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.

Me enseñó cuánto me ama a través de mil detalles.

Me enseñó que los milagros sí existen.

Me enseñó que si yo no perdono, soy yo la que se queda prisionera, y para perdonar primero tengo que perdonarme.

Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien, pero que actúe bien a pesar de todo.

Me enseñó a confiar en mí y a levantar la voz frente a la injusticia.

Me enseñó a buscarlo dentro y no afuera.

Me deja que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida. A equivocarme y a aprender. Y me sigue queriendo, cuidando y esperando.

Hasta me dejó aprender de otros maestros sin ponerse celoso; porque es de necios no escuchar a todo el que habla de amor.

Me enseñó que sólo estoy aquí por un tiempo, y sólo ocupo un lugar pequeño.

Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir su luz conociendo mi sombra, que disfrute, que goce, que ría, que llore y que valore, que Él siempre va a estar conmigo… que, aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mí…

Sólo sé cómo se llama… se llama Jesús'.

(GABRIELA MISTRAL. Poeta chilena)

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

 


Hoy, en el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, retomamos el llamado de la UNESCO a construir sociedades más justas, inclusivas y equitativas, donde todas las personas puedan ejercer plenamente sus derechos y desarrollar su potencial sin barreras.

En este día, celebro con profundo orgullo a Yerani Flores, Primera Mujer Mexicana Poblana con Síndrome de Down en obtener el grado de Licenciada en Artes Plásticas.

Su historia encarna los principios que la UNESCO defiende: educación inclusiva, accesibilidad, igualdad de oportunidades y participación plena en la vida cultural.

Yerani demuestra que cuando se garantiza el derecho a una educación de calidad y se apuesta por la inclusión como un valor universal, los resultados trascienden vidas y abren caminos para toda una generación.

Que este día nos inspire a seguir construyendo un mundo donde la diversidad nos fortalezca, y donde cada persona con discapacidad pueda vivir con dignidad, apoyo y reconocimiento.

Con orgullo, respeto y compromiso.

Ivón Virginia Arroyo Castañeda

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#InclusiónEducativa

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@destacar

martes, 25 de noviembre de 2025

El 25 de noviembre de 2025, Yerani Flores vivió un momento histórico en la Mañanera del Gobierno de Puebla: el Gobernador Alejandro Armenta le entregó su título de Licenciada en Artes Plásticas, reconociéndola como la Primera Mujer Mexicana Poblana con Síndrome de Down en alcanzar este grado académico.

Cada fotografía de este día captura su orgullo, su alegría y la fuerza de su propia historia.

Yerani sostiene su título con el corazón lleno, rodeada de aplausos, respeto y admiración.

Su presencia en este espacio simboliza años de esfuerzo, disciplina y talento, pero también el impulso del #MétodoYerani, creado a partir de su propio proceso formativo.

Este momento no es solo un logro personal: es un paso adelante para la inclusión educativa en México.

Yerani demuestra que los sueños se alcanzan cuando existen acompañamiento, amor y oportunidades reales.

Gracias por celebrar con nosotros este hito que abre puertas y caminos para muchas más familias.

Sinceramente.

Ivón Virginia Arroyo Castañeda.

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viernes, 14 de noviembre de 2025

Shakuntala

 


Tenía 3 años cuando su padre se dio cuenta de que su hija podía hacer algo que nadie debería poder hacer.


Bangalore, India, 1932. Shakuntala Devi estaba jugando a las cartas con su padre: un juego sencillo, nada fuera de lo normal. Excepto que Shakuntala no estaba mirando las cartas.


Las estaba memorizando.


Con una sola mirada a la mano de su padre, podía decirle cada carta que tenía sin volver a verlas. Su padre pensó que era un truco, quizá suerte. Así que la puso a prueba.


Barajó. Ella supo el orden.


Le pidió que sumara números. Ella respondió antes de que él terminara de preguntar.


Le dio problemas de multiplicación. Ella los resolvió más rápido de lo que él podía escribirlos.


Shakuntala Devi tenía tres años. Y calculaba como una máquina.


Solo que las computadoras modernas aún no existían.


A los 5 años, resolvía problemas matemáticos complejos que dejaban a adultos sin respuesta. Su padre, artista de circo, empezó a llevarla a espectáculos donde ella demostraba sus habilidades. La gente quedaba boquiabierta. ¿Cómo podía una niña hacer eso?


Pero Shakuntala no sabía explicarlo. Para ella, los números no eran problemas que resolver: eran un idioma que hablaba con fluidez.


Arthur Jensen, investigador sobre inteligencia humana en la Universidad de California, Berkeley, estudió sus capacidades y concluyó que “la manipulación de los números es, al parecer, como una lengua materna para ella, mientras que para la mayoría de nosotros el cálculo aritmético es, como mucho, como el idioma extranjero que aprendimos en la escuela”.


Imagínalo. Mientras tú te esfuerzas para calcular una propina en un restaurante, Shakuntala podía multiplicar números de 13 dígitos en su cabeza más rápido de lo que tú puedes leerlos en voz alta.


Y podía demostrarlo.


En 1977, en Southern Methodist University en Dallas, investigadores le dieron un desafío imposible: extraer la raíz 23 de un número de 201 dígitos.


¿Entiendes lo que significa? Un número de 201 dígitos: un número tan largo que llenaría varias líneas de texto. Y querían la raíz 23.


Tenían una computadora UNIVAC lista para verificar su respuesta. Las computadoras todavía eran relativamente nuevas, enormes máquinas que ocupaban salas enteras. Esta estaba pensada para cálculos complejos.


Los investigadores iniciaron el cronómetro.


Shakuntala miró el número. Sus labios se movieron levemente mientras hacía el cálculo en su mente.


Cincuenta segundos después, dio su respuesta.


La computadora seguía calculando.


Unos segundos después, la computadora terminó.


Shakuntala tenía razón.


Había vencido a una computadora en matemáticas. En su cabeza. En 50 segundos.


Pero no había terminado de probarlo.


En 1980, en Imperial College London, le dieron otro desafío: multiplicar dos números de 13 dígitos.


Los números eran: 7,686,369,774,870 × 2,465,099,745,779


La mayoría de la gente ni siquiera puede leer esos números rápido, mucho menos multiplicarlos.


El cronómetro comenzó.


Shakuntala cerró los ojos. Pasaron veintiocho segundos.


Entonces abrió los ojos y recitó la respuesta: 18,947,668,177,995,426,462,773,730


Un número de 26 dígitos. Perfectamente exacto. En 28 segundos.


Y esos 28 segundos incluían el tiempo que tardó en decir toda la respuesta en voz alta.


Piénsalo. En menos de medio minuto, Shakuntala Devi hizo un cálculo que a la mayoría le llevaría horas con una calculadora… y lo hizo en su cabeza mientras, además, decía el resultado.


El Libro Guinness de los récords la incluyó en su edición de 1982. Se hizo conocida en todo el mundo como “la computadora humana”.


Pero aquí está lo que hace su historia aún más asombrosa: Shakuntala Devi no fue solo una curiosidad matemática. Fue una mujer de la India de mediados del siglo XX, viajando por el mundo, dominando escenarios en universidades prestigiosas, haciendo que científicos occidentales se replantearan de qué era capaz el cerebro humano.


Escribió libros de matemáticas diseñados para hacer la materia accesible y divertida. Defendió los derechos LGBTIQ+ en la India décadas antes de que fuera socialmente aceptable. Se presentó como candidata en elecciones parlamentarias. Vivió exactamente como quiso, desafiando cada expectativa impuesta a las mujeres indias de su generación.


A menudo le preguntaban cómo lo hacía. ¿Cómo podía funcionar su cerebro de una manera tan distinta?


Ella nunca tuvo una respuesta que dejara satisfechos a los demás… porque para ella no era algo especial. Era simplemente cómo funcionaba su mente.


“Los números tienen vida”, dijo una vez. “No son solo símbolos en un papel”.


Shakuntala Devi murió en 2013, a los 83 años, en Bengaluru —la misma ciudad donde había nacido, la misma ciudad donde primero descubrió que su mente funcionaba diferente a la de los demás.


Para cuando murió, las computadoras se habían vuelto exponencialmente más poderosas. Podían hacer cálculos miles de millones de veces más rápido que cualquier ser humano.


Pero aun así no podían hacer lo que Shakuntala hacía.


Porque las computadoras siguen algoritmos. Procesan información como están programadas para procesarla.


Shakuntala veía los números como cosas vivas. Los entendía de maneras que no podían programarse, no podían enseñarse, no podían replicarse.


En 1977, venció a una computadora diseñada para calcular.


Pero la verdadera victoria no fue la velocidad. Fue el recordatorio de que la capacidad humana —el genio humano— no puede reducirse a potencia de procesamiento.


Shakuntala Devi demostró que la mente humana, en su versión más extraordinaria, puede hacer cosas que las máquinas no saben explicar.


Tenía tres años cuando su padre se dio cuenta de que era diferente.


Pasó los siguientes 80 años mostrándole al mundo lo extraordinario que puede ser lo diferente.


La próxima vez que alguien te diga que los humanos no pueden competir con las computadoras, recuerda a Shakuntala Devi.


Recuerda a la mujer que extrajo la raíz 23 de un número de 201 dígitos en su cabeza.


Recuerda a la computadora humana que nos recordó que algunas formas de genio son única, imposible y bellamente humanas.