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En el final, Virginia Woolf escribe la muerte de un perro. Pero no cualquier perro: se trata de Flush, el cocker spaniel que fue compañía de la poeta Elizabeth Barrett Browning durante su vida en Florencia.
En realidad, esta historia que funciona de manera autónoma como una narración breve, es el último capítulo de la biografía ficcional que la autora escribió en 1933: Flush: una biografía.
Narrado desde el punto de vista de Flush, el relato en voz de Elena de Haro, combina lo entrañable con lo irónico, lo doméstico con lo espectral. A través de los sentidos del can, se asiste al auge del espiritismo entre la sociedad florentina de mediados del siglo XIX: mesas que giran, golpes misteriosos y bolas de cristal. La historia se cierra con una imagen de profunda ternura: Flush regresa a Casa Guidi, se acurruca junto a su dueña, y muere. Woolf transforma ese momento íntimo en algo sereno, sin solemnidad. Es un gesto de despedida que no necesita adornos: estaba vivo, ahora está muerto. “Eso era todo”.
Virginia Woolf (Londres, 1882 - Lewes 1941) fue una de las escritoras más influyentes del siglo XX. Nacida en Londres en una familia culta y liberal, formó parte del grupo de Bloomsbury y renovó la narrativa moderna con novelas como La señora Dalloway, Al faro y Las olas, caracterizadas por el uso del monólogo interior y una exploración profunda de la conciencia. También escribió ensayos fundamentales sobre literatura y feminismo, como Una habitación propia (1929) y Tres guineas (1938). Su escritura combina una gran exigencia formal con una sensibilidad política y emocional.

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