Michel Olguín Lacunza
febrero 9, 2026
“La envidia es un sentimiento que surge hacia otra persona cuando tiene algo que nosotros deseamos; se trata de una emoción social compleja que puede involucrar otras emociones, como la ira, la tristeza o la frustración”, explicó Paola Eunice Díaz Rivera, técnica académica de la Unidad de Posgrado de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Puede aparecer cuando alguien obtiene algo que anhelamos, pero también cuando percibimos una situación como injusta: “Creemos que merecemos algo y se le da a otra persona”. En ese sentido, la envidia suele relacionarse con procesos de comparación social y con la percepción de desigualdad o trato diferencial.
Es más probable sentir envidia hacia personas que se parecen a uno mismo —por edad, entorno social o contexto profesional— y que parecen avanzar mejor en aspectos como el dinero o el reconocimiento. “Sentimos que merecíamos eso y se configura un escenario que percibimos como injusto”, explicó.
El caso de los monos capuchino
Un estudio realizado por Sarah Brosnan y Frans de Waal con primates, en específico con monos capuchino, ayuda a comprender cómo reaccionamos ante la inequidad. A los animales se les pedía realizar una tarea sencilla —entregar fichas al investigador— a cambio de comida. Cuando ambos recibían la misma recompensa, colaboraban sin problema. Sin embargo, cuando uno obtenía una recompensa de mayor valor por el mismo esfuerzo —uvas en lugar de pepino—, el mono desfavorecido reaccionaba de forma evidente: rechazaba la comida, la arrojaba y se negaba a continuar la tarea.
Más que hablar de envidia en términos humanos, los investigadores señalan que estos primates muestran sensibilidad a la inequidad. Es decir, reaccionan cuando perciben que el trato no es igual pese a realizar la misma actividad.
Algo similar puede ocurrir en las personas cuando observan que alguien recibe más reconocimiento o beneficios por tareas que consideran equivalentes a las propias, lo que puede generar malestar emocional o sensación de injusticia.
No necesariamente se trata de una emoción negativa. En algunos casos puede convertirse en una motivación para buscar cambios o restablecer el equilibrio. “Podríamos pensar, por ejemplo, que muchos movimientos sociales surgen a partir del enojo frente a situaciones que se perciben como injustas”, añadió la especialista.
¿Cómo detectarla?
“Es difícil, porque no podemos inferir con certeza lo que alguien está sintiendo por nosotros; las emociones ajenas siempre pertenecen a un terreno subjetivo”, señaló la académica universitaria.
Sin embargo, algunas conductas podrían sugerir malestar asociado a la comparación social. Por ejemplo, cuando una persona comienza a obstaculizar el trabajo de otra, hablar mal de ella o difundir chismes. Estas acciones no necesariamente prueban que exista envidia, pero pueden relacionarse con sentimientos de competencia, inseguridad o resentimiento.
Por ejemplo, dificultar tareas, desacreditar logros o generar rumores son señales que pueden indicar tensión interpersonal dentro de un grupo.
De acuerdo con la académica universitaria, una forma más saludable de manejar estas emociones sería transformar la comparación en colaboración: pedir apoyo, aprender del otro o buscar crecer junto con quienes destacan.

¿Cómo distinguir entre crítica constructiva y ataque personal?
“Sabemos que una crítica es constructiva cuando está basada en el trabajo y en la evidencia; por lo general se centra en aquello que se puede observar o escuchar. En cambio, cuando no busca construir ni favorecer el crecimiento, suele dirigirse a la persona y no a su desempeño”.
Por ejemplo, decir en un trabajo: “se puede mejorar su redacción; la oración es muy larga y podría acortarse para ganar claridad”, constituye una crítica constructiva porque describe algo observable y ofrece una mejora concreta.
En cambio, frases como “eres flojo” o “no te esfuerzas lo suficiente” suelen enfocarse en la persona y no en la tarea, lo que puede generar conflicto y tensión dentro del grupo.
¿Qué efectos tiene ser blanco de la envidia?
Ser percibido como alguien que sobresale puede tener costos sociales. Cuando una persona recibe más atención o reconocimiento, algunos grupos pueden reaccionar con exclusión o distanciamiento, lo que impacta el bienestar emocional.
La exclusión social puede provocar tristeza, sensación de aislamiento y malestar psicológico, especialmente cuando se pierden vínculos cercanos o redes de apoyo.
Existen distintas formas de enfrentar estas dinámicas sociales:
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